No hay palabras dichas en la puesta. La dramaturgia se expresa sólo a través de los movimientos corporales, las miradas y los gestosLa creación de Castelli es la reafirmación de que el cuerpo en sí mismo es una herramienta poderosa de comunicación. Y en ese sentido, la entrega de los bailarines y las bailarinas es absoluta. Sus cuerpos, que llenan y recorren el espacio caminando, arrastrándose por el piso o trepando por las columnas, son capaces de adoptar infinitas formas. Por momentos, parecen espectros. Por otros, cuerpos vivos, pero sufrientes. Y ese movimiento constante genera que la escena nunca esté circunscripta a un lugar, lo cual a su vez altera el rol del espectador que, siempre de pie, tiene que desplazarse para seguir la historia.

Nada es convencional en Barroco en Barracas. Ni la arquitectura es la de un teatro, ni el espacio donde se desarrollan las acciones es un escenario, ni el público asume el rol de pasividad física que le exigen frecuentemente la mayoría de las obras. Ni siquiera la biografía de Felicitas Guerrero aparece de forma explícita en escena. En todo caso, su muerte opera como una excusa narrativa para seguir visibilizando una realidad que hoy sigue doliendo.