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El manotazo a Larreta también es otra cara del ajuste

El manotazo a Larreta también es otra cara del ajuste

El Presidente le sacó un punto de coparticipación a la Ciudad para dárselo a la Provincia. Los efectos cruzados. La decisión del presidente Alberto Fernández de sacarle a la Ciudad de Buenos Aires un punto de la coparticipación para financiar el aumento a la policía de la Provincia de Buenos Aires derramó consecuencias para los cuatro

El Presidente le sacó un punto de coparticipación a la Ciudad para dárselo a la Provincia. Los efectos cruzados.

La decisión del presidente Alberto Fernández de sacarle a la Ciudad de Buenos Aires un punto de la coparticipación para financiar el aumento a la policía de la Provincia de Buenos Aires derramó consecuencias para los cuatro costados.

Desde la política, encolumnó en un minuto a oficialismo y oposición, terminando con el discurso “antigrieta” de Fernández inaugurado poco tiempo atrás y sellando a fuego su suerte a la de la vicepresidenta Cristina Kirchner.

Desde la economía, la primera consecuencia fue que la Provincia cuenta en sus previsiones con unos $40.000 millones más de los previstos, con lo que podría subirle el sueldo a la policía.

La contracara de esa previsión bonaerense es que la Ciudad perdería $40.000 millones con los que tenía previsto financiar prácticamente la mitad de la partida destinada a la Justicia y a la policía.

Tanto para la política como para la economía las derivaciones de aquella decisión son imprevisibles, pero en el segundo caso, además de lo palpable de las cifras, surge el fenómeno de la pelea por los fondos en medio de una pandemia que castigó a un nivel de actividad que ya venía golpeado.

El manotazo de Fernández a la caja de la Ciudad que conduce Horacio Rodríguez Larreta también se apoya en el ajuste que viene hilvanando el Gobierno en su intento de cerrar las cuentas del Tesoro que este año proyectan un déficit del orden del 7/8% del PBI después de haber partido de menos de 1%.

En abril y mayo el gasto público prácticamente se duplicó con respecto a un año atrás de la mano del bono IFE de $10.000 para 9 millones de personas, los subsidios para ayudar a las empresas a pagar sueldos y la atención de la salud.

A partir de ahí, el porcentaje de aumento bajó al 73% en junio y al 59% en julio.

El temor a un rebrote inflacionario por el rojo fiscal y la emisión a la que recurrieron para financiarlo encendió las luces de alerta.

Por ese entonces el Banco Central ya había emitido más de $1,4 billones para cubrir el déficit y el salto del exceso de pesos habría hecho disparar la brecha cambiaria, uno de los problemas económicos que más preocupa al Gobierno.

Después llegó el decreto de las jubilaciones y pensiones con una suba inferior a la fórmula aplicada durante el gobierno de Mauricio Macri y, a la vez, empezó a espaciarse el bono IFE, que pasó a bimestral y ahora tiene un futuro incierto. Además, los subsidios para que las empresas paguen salarios, ante la prohibición de despedir y la doble indemnización en caso de despido,​ se transformaron en créditos.

La pelea por la plata quedó más al descubierto a partir de que el ministro Martín Guzmán anunció que el proyecto de Presupuesto 2021 contemplaría un déficit de 4,5% del PBI y que ese número sería la base destinada a presentarle al FMI un sendero de ahorro para conseguir un crédito que permita pagarle a ese organismo los US$40.000 millones que vencen en 2022-2023.

Sin crédito externo y sin poder capitalizar aún la ventaja de no tener vencimientos importantes de deuda hasta 2024 (US$4.500 millones de los cuales la mitad ya los deberá pagar el próximo gobierno), Martín Guzmán intentó mirar para otro lado cuando le pidieron que le transfiera más plata a Axel Kicillof para frenar la protesta de los policías.

Ahí la decisión de la vicepresidenta de avanzar sobre la Ciudad para esmerilar a Horacio Rodríguez Larreta le trajo alivio a Guzmán. Como buen fiscalista, suma la jugada a la lista de ahorros prevista para cuando avance la negociación con el FMI.

Mientras tanto, la pelea por el cambio intempestivo de la coparticipación entre la Nación y la Ciudad desvió la atención de la marcha del mercado cambiario, donde el Banco Central sigue siendo el abastecedor por excelencia de dólares para una demanda que parece estar lejos de querer aflojar.

Las versiones sobre un posible desdoblamiento cambiario lo ayudan poco al presidente del Central para calmar las aguas aunque la suba de 10 dólares de la soja en el mercado mundial del viernes le podrían generar algún alivio. Igualmente, habría anuncios en los próximos días.

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