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Memes, pintadas y vandalismo: la historia detrás de la escultura de Gaturro que solo duró 48 horas

El Gobierno de la Ciudad la había retirado en febrero para restaurarla y volvió a instalarla el viernes.

El viernes por la mañana, un camión del área de Cultura del Gobierno de la Ciudad pasó a buscar tres estatuas para reinstalar en el Paseo de la Historieta. Las tres estaban en proceso de restauración. Una era de Patoruzito, otra de Clemente y una tercera de Gaturro. El domingo por la tarde, un camión similar debió ir a rescatar esta última. A diferencia de las otras dos, ya estaba totalmente destruida.

En el medio, al personaje de los comics de Nik la atravesaron 48 horas de un vandalismo colectivo que fue más parecido a un happening, y uno de los temas más comentados de Twitter en Argentina. Es que según pudo reconstruir Clarín, el proceso de destrucción fue una actividad cultural, una especie de paseo de fin de semana para decenas de personas. Una historia insólita que saltó de las redes a la calle.

La estatua estaba ubicada en Belgrano 101 y forma parte del llamado Paseo de la Historieta, una cadena de esculturas que arranca con Mafalda, en Chile y Defensa, y atraviesa el bajo porteño hasta el Museo del Humor. Allí aparecen varios clásicos del cómic nacional como Isidoro Cañones,  Larguirucho, Don Fulgencio, Patoruzú o Gaturro.

El personaje creado por el dibujante Cristian Dzwonik (más conocido como Nik) se sumó en marzo de 2013, hace casi una década. Si bien todas las estatuas sufrieron distintos actos de vandalización, la de Gaturro fue una de las más atacadas. En 2019 le cortaron una mano y, para ese momento, ya estaba toda grafiteada.

En aquella ocasión Nik compartió algunas fotos en redes sociales y lo atribuyó a sus posturas políticas. Según contaba, mientras más criticaba al kirchnerismo a través de sus historietas, más sistemáticos eran los ataques al personaje. 

En febrero de este año, desde Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana, retiraron la estatua y la llevaron al taller de los artistas Brian Bruhn y Raúl Piccolotto, los autores originales de todas las obras del Paseo. Ellos se encargaron de la restauración, que se terminó la semana pasada.

El viernes salió del taller y se instaló nuevamente en la Plaza Perón, en la esquina de Belgrano y Azopardo. Se la amuró con cemento al suelo y se puso un vallado de madera alrededor. En redes creyeron que era un sistema antivandalico, pero era una barrera hasta que termine de secarse el cemento.

Nunca llegó a terminar de fraguar.

Es que a las pocas horas alguien grafiteó un dibujo de un pene en la nuca, otro lo subió a las redes sociales y luego comenzó todo. Decenas de jóvenes comenzaron a peregrinar para dejar su marca. Primero de manera más disimulada, luego se hizo alevoso y finalmente se volvió colaborativo.

El tema viralización en redes fue determinante. “Había una actualización constante en Twitter”, cuenta a Clarín C., quien se acercó el domingo para dejar su marca. “La gente se prestaba los fibrones para hacerla mierda. En la estatua también había apoyado un aerosol negro ‘comunitario’ que podía usar el que quisiera. Muchos se sacaban fotos pintando o hacían selfies. O sea, vandalizaban y lo registraban. Insólito”, relata.

La figura de Nik también fue objeto de comentarios. Sus libros son de los más demandados. Esta semana alcanzó la marca de 12 millones de copias vendidas y tiene especial éxito entre los chicos. Sus cómics fueron y son una “puerta de acceso” a la lectura para varias generaciones.

Sin embargo, en redes sociales suele ser blanco de ataques entre los más grandes, incluso al punto de volverse un meme de vez en cuando. Lo acusan de plagiar comics de otros autores argentinos y del exterior. También le achacan su humor político, que suele ser antikirchnerista.

Uno de los puntos más altos fue el ‘sistema antivandálico’. Es que Nik había comentado en su Twitter que se pensaba instalar algún tipo de dispositivo para evitar que se destruya la estatua, aunque nunca especificó qué era. Las redes interpretaron que las maderas que tenía alrededor cumplían esa función y se hicieron un festín. Casi una competencia para vandalizarlo.

Según cuenta C., nunca hubo menos de 10 o 15 personas, en su mayoría adolescentes y jóvenes de no más de 30 años. También vio alguna familia con chicos. “Había curiosos que pasaban y gente que directamente fue a eso. ‘Valió la pena el viaje’, llegué a escuchar”, cuenta.

“De la estatua poco que decir. Había tantas pintadas que se hacía difícil reconocerla. Muchos penes, puteadas a Nik y hasta memes. También le pusieron un gorrito de tela y preservativos en el dedo gordo y en algunos bigotes”, reconstruye.

Un meme que saltó de la pantalla a la calle

“Lo primero que hay que entender que Gaturro y vandalizar la estatua de Gaturro es un meme en sí mismo y parte de ese meme justamente era vandalizar la estatua”, sostiene el escritor Juan Ruocco, autor de “¿La democracia en peligro? Cómo los memes y otros discursos marginales de internet se apropiaron del debate público”.

Ruocco, un especialista en entender el cruces entre memes y cultura popular, sostiene que Gaturro (y Gaturro como meme) ya escapó al control del propio Nik. “Todo el truco era ir y hacer algo, y compartirlo. Entonces ese comportamiento se vio reforzado por cada uno de los que lo hacían y le sacan una foto. Así más gente se anima, y se va formando un ciclo de retroalimentación positiva. Algo que se sale completamente de control, completamente motorizado por la velocidad y la viralidad memética y que todos quieren participar”, opina.

Desde hace unos años circula en redes sociales una versión de Gaturro bautizada ‘pijurro’, que consiste en una copia del gato que tiene forma de pene. Lo que comenzó como una broma tomó impulso y vida propia. Hay cuentas de Twitter y de Reddit que recopilan versiones de fans de este lado B del gato.

“¿Por qué se le cae tanto a Gaturro? Creo que Nik es una figura muy polémica, hace tiempo que es medio un meme. Pero me parece que ya excedió esa lógica, creo que va más allá de la revancha contra él. Me parece que tiene que ver más justamente con que mutó y tiene vida propia. Se le fue de las manos a Nik, que ya no tiene control sobre su propia obra en el espacio público”, agrega Ruocco.

A la tarde del domingo, desde Cultura de la Ciudad tomaron nota que a ellos también se les fue de las manos y ordenaron retirar la estatua. Retiraron las bases y cerca de las 19, el camión se acercó nuevamente para sacar lo que quedaba del gato hecho de resina epoxi policromada. Estaba irreconocible. Alrededor, una docena de curiosos que todavía quedaban a pesar del frío filmaban con sus teléfonos.

Según pudo averiguar Clarín, la estatua se encuentra en un depósito de la empresa encargada del mantenimiento y quedó a disposición de Cultura para que evalúen si la vuelven a instalar o no. “Se vandaliza a todas un poco desde que se fueron instalando, a partir de 2014. Pero con Gaturro es peor. Fue la única que se destruyó el fin de semana”, contaron fuentes del Gobierno de la Ciudad.

Pero aún sin la estatua, el happening de Gaturro continuó. Y es que la gente comenzó a prender velas y dejar mensajes entre las maderas que hacían de vallado “antivandálico”. Incluso alguien decidió armar una lápida de cartón y dejarla instalada con las fechas. 14/7/2023- 15/72023. Otro se grabó llevando flores. En Google Maps, la marca de la estatua pasó a ser un mausoleo. Es un meme que se niega a morir.

​​El lunes a la tarde seguían pasando grupos de jóvenes. En lugar de la estatua había una cruz hecha con ramas. Y memes hechos en papel pegados alrededor.

“Pucha, debe ser importante Gaturro”

Mientras se toma unos días de vacaciones, el dibujante Nik habló con Clarín sobre el ataque pero prefirió relativizarlos. “Estoy super feliz, nunca imaginé tener un personaje tan masivo, que forme parte de la cultura popular. Prácticamente todos los chicos de 10 años pasaron por Mundo Gaturro (una red social para niños basada en el personaje), incluso muchos de los que ahora satirizan por las redes fueron usuarios”, remarca.

Si bien no le causa risas el ataque, sí dice que los entiende.”El paseo de la historieta es muy amplio, hay historietistas de todos los signos políticos. Yo soy el único al que me consideran de centro derecha y creo que por eso es todos contra uno”, opina.

Es que Gaturro es un personaje que se volvió infantil, pero tuvo su origen en la sátira política, una impronta que aún mantiene en algunas publicaciones y en las redes sociales del dibujante.

Con respecto a la vandalización, dice que planteó la posibilidad de abrir la estatua para que sea colaborativa y que los chicos puedan ir a intervenirla. Incluso admite que volvió a “pijurro” parte del universo de sus personajes  (“Es canon”, afirma). Pero que su límite es la intolerancia. Entre los cientos de dibujos que tuvo la estatua, algunos incluían esvásticas o insultos religiosos.

“Me parece que está mezclando todo. Hay que explicar que los espacios públicos no hay que romperlos. Eso despues se contagia y puede llevar a mayores. Me llegan mensajes de ‘te vamos a ir a buscar’ por redes sociales. Eso es lo peligroso de un mundo que va a la intolerancia. Pasa en todos lados pero en Argentina pasa que se permite”, opina.

Sobre el cierre, dice que no se lo toma personal. “Para los autores, los personajes son como hijos, se independizan”.

Y remarca: “Los personajes ya son de la gente”.

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