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“Pisacolas” en autopistas: una mala costumbre que crece y causa 9 de cada 10 choques

El dato surge de un informe elaborado en General Paz, Panamericana y Acceso Oeste. La velocidad y los sobrepasos, dos factores que inciden.

Plásticos y vidrios rotos, esparcidos sobre el asfalto. Con frecuencia, sangre. Pocas veces, marcas de llantas. En Panamericana, Acceso Oeste y General Paz, la mayoría de los impactos contra otro auto se dan sin que haya tiempo de poner el pie en el freno. La causa: la falta de respeto a la distancia mínima reglamentaria, que origina nueve de cada diez choques entre vehículos en esas autopistas.

Así lo revela un nuevo informe del Observatorio Vial Anual elaborado por Ausol (General Paz y Acceso Norte ramales Pilar, Campana y Tigre) y Auoeste (Acceso Oeste). El estudio tuvo el acompañamiento de CESVI Argentina (Centro de Experimentación y Seguridad Vial), que colaboró con asistencia técnica. Con ese diagnóstico, lanzaron la campaña “Mantené distancia entre vehículos”.

Es un concepto clave para evitar choques en autopistas: sin cruces ni obstáculos, la cantidad de siniestros debería ser muy baja. Pero no lo es. En muchos casos, se ignora esta regla. En otros, como los clásicos “pisacolas”, se la conoce pero se la transgrede también. Como a mayor velocidad, mayor es la distancia en metros requerida, esta se mide en tiempo: dos segundos es la mínima reglamentaria. Cinco es la recomendada.

Como parte de esta nueva campaña, se instalaron en estas autopistas carteles con mensajes institucionales en los que se advierte sobre la importancia de mantener distancia.

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Cómo medir la distancia

El ojo humano no está preparado para estimar distancias en movimiento, por eso se utiliza un método conocido como “Distancias del Segundo”. El mismo sugiere mantener una distancia de seguimiento de cinco segundos a partir de un punto de referencia fijo.

¿Cómo calcularla? Cuando el vehículo circula detrás de otro y su parte trasera pasa cerca de un punto de referencia elegido -un cartel, un puente o un poste de luz, por ejemplo-, hay que empezar a contar desde 1101 hasta 1105. Al llegar al 1105, el vehículo debería estar pasando por el punto de referencia elegido. Así se está manteniendo una distancia segura.

Debe aumentarse la distancia si el conductor reconoce que su salud, su edad, el estado del vehículo, el tipo de carga, la visibilidad, el tiempo, las condiciones de la autopista o la densidad del tránsito pueden hacer que no tenga siempre total dominio del auto.

Panamericana de noche. Son muchos los conductores que no respetan la distancia mínima de frenado.Panamericana de noche. Son muchos los conductores que no respetan la distancia mínima de frenado.

Para entenderlo mejor, puede pensarse en medidas del mundo del deporte: a 100 kilómetros por hora, se estima que el conductor recorre unos 30 metros por segundo. Un trayecto de dos segundos significa 60 metros de distancia entre vehículos, que equivalen a dos canchas de tenis a lo largo. Los cinco segundos recomendados, en tanto, se equiparan a la extensión de una cancha de fútbol profesional.

Un choque cotidiano… Y evitable

Este tipo de choques ocurren todos los días. Sin ir más lejos, el martes pasado un camión quedó incrustado debajo de otro en el kilómetro 41,5 del Acceso Oeste mano a Capital. Hubo dos heridos y un camionero estuvo atrapado en la cabina durante tres horas. Otros seis vehículos que venían detrás terminaron chocando en cadena.

Se dan con más frecuencia en el carril de sobrepaso, que solo debería usarse con ese propósito pero que en la práctica es uno más. Allí es legal ir a hasta 130 kilómetros por hora, una velocidad a la cual un choque puede ser brutal si no se llega a frenar. Algo que se logra solo con la distancia mínima de dos segundos. Ya impactar a 100 genera las mismas consecuencias que caer desde un piso 13.

Panamericana con lluvia. Con el piso mojado se recomienda extender la distancia entre vehículos. Foto: Guillermo Rodríguez AdamiPanamericana con lluvia. Con el piso mojado se recomienda extender la distancia entre vehículos. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Es por eso que las estadísticas preocupan: en Panamericana y la General Paz el 45 % de los vehículos livianos y el 13% de los pesados no respeta la regla de los dos segundos. En Acceso Oeste, los porcentajes son de 38% y 13%, respectivamente. Con todo, significa una mejora frente a años anteriores, pero eso no alcanza.

“La gente se confía o siente que ciertas tecnologías como el freno ABS le van a resolver una urgencia, porque le permiten frenar más rápido el auto. Las situaciones de alto riesgo en una autopista, que son poco frecuentes, podrían resolverse adecuadamente si tuviera tiempo para hacerlo, que es lo que permite mantener la distancia reglamentaria”, señala Gustavo Brambati, responsable de Seguridad Vial de CESVI.

Ese centro fue el que midió las distancias entre los vehículos que circulaban en horario pico y los que iban detrás de ellos, buscando puntos de referencia y usando un timer. A su vez, Ausol y Auoeste le enviaron datos sistemáticos obtenidos a través de contadores de tránsito y recabados por su Observatorio Vial Anual.

Además, el propio CESVI tiene un departamento de investigación de siniestros viales graves, en los que analizan textos y fotos. “Cuando vemos que no hay marcas de frenado o se ven apenas, sabemos que ni siquiera tuvo tiempo de frenar. Lo vemos en la mayoría de los siniestros viales graves. Para evitarlos no hace falta ser un experimentado conductor, porque no es un problema de rapidez de maniobra, sino de que no te das el tiempo suficiente para resolver una situación crítica”, explica Brambati.

Qué se hace con los “pisacolas”

Mantener la distancia es clave pero, ¿qué ocurre cuando el conductor que viene detrás empieza a pisar los talones? “Si existe la posibilidad, hay que cambiar de carril por la propia seguridad. Y, si la distancia lo permite, tocar el freno apenas para que se prenda esa luz y que el que viene detrás se dé cuenta de que está muy cerca”, aconseja Alberto Silveira, presidente de Luchemos por la Vida.

Silveira viaja seguido a Barcelona y también ha tenido la oportunidad de observar el tránsito en otras grandes ciudades. Nunca vio actitudes similares a las de acá. “No mantener la distancia de seguridad es una de las facetas de agresividad que algunos argentinos desarrollan a diario en el tránsito. Sienten que son omnipotentes y que todos deben conducir como ellos”, describe.

“La gente amedrenta a quienes tienen ciertos estilos de conducción, pero uno tiene que sostener su propio margen de seguridad -agrega Brambati-. Si nos apuran, mejor ver si hay un hueco para cambiar de carril y así dejar pasar al conductor agresivo. Nunca hay que engancharse en una discusión”.

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