Finalmente, un dato central será que, por la recesión global, el coronavirus generará más pobres que muertos, pero a la vez parirá, “con una alta probabilidad”, como dicen los textos de los organismos financieros, un nuevo orden económico mundial.

Quizá estemos ante el principio del fin del ultra capitalismo anárquico y a la consolidación de China como nueva potencia hegemónica y modelo de ejercicio del poder infraestructural.

La conclusión preliminar tampoco es nueva. Por detrás del debate económico está la lucha de clases. En uno de sus artículos más célebres el gran economista polaco Michal Kalecki hablaba de los “aspectos políticos” del pleno empleo. Explicaba cómo bajo ciertas circunstancias, la proximidad del pleno empleo, los empresarios preferían ganar un poco menos, pero mantener el control sobre los trabajadores y el proceso productivo. Dicho de otra manera, la cuestión de clase estaba por encima de la ganancia. Es decir, el poder estaba por encima del dinero y el pleno empleo empoderaba a los trabajadores.

Del mismo modo es posible hablar de los “aspectos políticos del coronavirus”, que son los “procesos de no retorno” descriptos. La revalorización del rol de los Estados ocurrirá tanto si la intervención pública es eficiente como si no lo es.

El capitalismo tal como se conoce hasta ahora enfrentará serios problemas de legitimación. Resta la pregunta clásica de la economía vulgar: ¿cómo se financian las políticas expansivas? La respuesta es “como en todo el mundo”, emitiendo dinero, que es una de las formas de endeudarse a tasa cero que tiene el Estado, pero que al mismo tiempo es fuente del flujo de la recaudación futura. Para hacerlo no hace falta ser un Estado rico, alcanza con ser un Estado soberano.

Una opción complementaria para los muy fiscalistas sería terminar con el subsidio de 55 mil millones de pesos mensuales que reciben los bancos por los 1,6 billones de pesos en Leliq. No debe olvidarse que, antes o después, la plata que el Estado inyecte terminará en los bancos y que estos querrán cambiarla por la otra ventanilla por más letras de liquidez. La tasa de estos instrumentos no puede continuar siendo tan atractiva. Redireccionar estos 55 mil millones mensuales hacia políticas activas también fue una promesa electoral.