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Tercera dosis: por qué 8 laboratorios impulsan un refuerzo contra el Covid y el Gobierno duda

Pasaron 6 meses desde que el personal de salud recibió la segunda dosis. La incertidumbre se repite en otros grupos de riesgo. Vizzotti ahora habló de “evaluar a partir de noviembre”. Y viene la Delta.

En Argentina hablar hoy de la tercera dosis contra el coronavirus parece una utopía, cuando aún resta vacunar con la segunda dosis a la mitad de los mayores de 18 años. Sin embargo, no son pocos los países y laboratorios que están avanzando: la aparición de las variantes, en especial la Delta, demandan una mayor fortaleza de anticuerpos, sobre todo en los grupos de riesgo.

Ocho laboratorios ya realizan ensayos clínicos de un “booster” de refuerzo y han obtenido resultados alentadores. Científicos independientes con acceso a la información que generan las farmacéuticas confiaron a Clarín que la tercera dosis produce una elevada ganancia de anticuerpos, lo que se traduce en un “reseteo” del escudo inmunitario.

Personal de salud que fue vacunado entre enero y febrero (hace seis meses) y adultos con comorbilidades figuran como los principales demandantes del “booster”. En rigor, sería como volver a empezar con la rueda original del operativo de vacunación, en función de las prioridades que se habían establecido.

La mala noticia es que, en Argentina, al parecer, el reinicio de las inmunizaciones no podría suceder al mismo tiempo que se vacune a los adolescentes o se termine de aplicar las segundas dosis a aquellos que aún las esperan. ¿Es convicción, escasez de vacunas o falta de recursos humanos?

Hace una semana, la ministra de Salud, Carla Vizzotti, manifestó que no era el momento de pensar en terceras dosis. Fue luego de que su par bonaerense, Nicolás Kreplak, dijera que lo de las terceras dosis “parece una campaña de los laboratorios”.

El país aún se concentra en las segundas dosis y la Delta apremia. Foto: Orlando Pelichotti

El país aún se concentra en las segundas dosis y la Delta apremia. Foto: Orlando Pelichotti

Este martes, en el marco de la reunión del Consejo Federal de Salud, en San Luis, Vizzotti fue menos tajante y -no sin ambigüedad- contó su plan: “A partir de noviembre evaluar si estamos en condiciones de hacer un refuerzo en personas que tienen determinadas condiciones de salud e inmunodeprimidas”.

La duda que plantean los funcionarios está vinculada a que -según sostienen-todavía no estaría del todo claro cuánto tiempo perdura la protección de las diferentes vacunas contra el Covid en el organismo. Estudios preliminares advertirían, sin embargo, que a partir de los 6 meses el poder de los anticuerpos neutralizantes empieza a decaer.

La Organización Mundial de la Salud, en función del acceso igualitario a las vacunas, manifestó que hablar de terceras dosis cuando aún hay gente sin vacunas en el mundo es poco menos que un crimen. Sin embargo, una cosa son las declaraciones de política global y otra, la estrategia sanitaria que evalúa cada país contra el Covid.

Israel, China, Estados Unidos, al menos nueve países de Europa y -en nuestra región- Chile, Uruguay y Brasil, se han desviado del criterio de la OMS: ya han confirmado en sus agendas la administración de terceras dosis a sus poblaciones de mayor riesgo.

El desafío es poder mantener a raya al coronavirus. Esto es, que la mayor cantidad de gente que se infecte sea asintomática o tenga sintomatología leve, algo posible en función del poder de la vacunación. Si los anticuerpos neutralizantes decaen en el organismo, las chances de que eso ocurra bajan.

Aplicación de una tercera dosis en Jerusalén. Foto: EFE

Aplicación de una tercera dosis en Jerusalén. Foto: EFE

Varios laboratorios han obtenido resultados satisfactorios con el “booster” de refuerzo: Novavax, Bharat Biotech, Medigen, Pfizer-BioNTech, Moderna, Johnson & Johnson, Sinovac y Sinopharm. Según pudo saber Clarín, en los ensayos la suba de anticuerpos contra la Delta ha sido incluso más potente en adultos mayores que en jóvenes, lo que justificaría la tercera dosis.

La circulación comunitaria de la Delta en el país está cerca, si ya no existe en algunas ciudades. Se considera que eso ocurre cuando la variante representa el 1 por ciento de los casos detectados. El escenario actual es un misterio, ya que la vigilancia epidemiológica es deficitaria.

A partir del momento en que el 1 por ciento de los casos corresponden a la variante de preocupación, transcurren entre 4 y 5 semanas hasta que se convierten en el 20 por ciento de los casos. Luego pasan entre ocho y diez semanas más hasta que llegan a representar el 80 por ciento, en ese tránsito de volverse la variante predominante.

Es decir, la variante nacida en la India viene ofreciendo algún margen de tiempo para actuar, con los casos de Covid cotidianos por ahora en niveles bajos. La incógnita es la estrategia argentina contra la tercera ola: frente a la Delta, no es lo mismo la gente que fue vacunada con Sinopharm (la marca más aplicada en el país) que la que recibió la Sputnik o AstraZeneca.

Se sabe que la vacunación inicial no será protectiva en cualquier escenario, ya sea en función de la peligrosidad de la variante Delta, la vulnerabilidad de determinadas personas o su exposición al virus por las características de su actividad. En cualquiera de los casos, el objetivo es evitar la enfermedad severa.

La OMS quiere que los países compartan vacunas en vez de dar terceras dosis. Foto: AP

La OMS quiere que los países compartan vacunas en vez de dar terceras dosis. Foto: AP

Hay dos tipos de “booster”: los que repiten la vacuna prototípica, esto es, la que fue diseñada para el virus surgido en Wuhan, y las que ya empezaron a fabricarse en función de las nuevas variantes, algunas específicas y otras multivalentes, con versatilidad para enfrentar todas las mutaciones.

Dentro del porfolio de vacunas, tres corren con ventaja frente a los sucesivos perfeccionamientos del virus. “Las vacunas de Pfizer, Moderna y Johnson y Johnson han incluido en sus diseños dos cambios en la secuencia de la espícula que determinan que la misma quede con una conformación de prefusión al receptor prefusion conformational locked”, explicó un experto conocedor de estos desarrollos.

Y agregó, para aclarar el concepto: “Esto determina que dichas vacunas tengan la capacidad de generar mayores y más eficientes titulos de anticuerpos neutralizantes que son ‘la clave’ para garantizar la efectividad vacunal, porque impiden la unión de la espícula al receptor ACE 2 de la célula humana y la subsecuente proliferación viral”.

Como sea, el personal de salud está preocupado ante el escenario de la Delta. Se habla del tema en los pasillos de los hospitales, aunque aún no ha habido una voz colegiada que se pronuncie sobre el tema. Clarín pudo saber que en la Ciudad les habían a los médicos que les aplicarían una tercera dosis, pero luego ese plan -al menos en lo inmediato- dio marcha atrás.

En todo el país, según el Monitor Público de Vacunación, 1.891.693 personas han sido vacunadas como personal de salud. Y entre los grupos vulnerables se suman 5.716.759 mayores de 60 años y 3.718.164 de entre 18 y 59 años con enfermedades de base.

Las respuestas sobre la tercera dosis siguen siendo vagas y contradictorias. Este martes, Vizzotti intentó hacer de un defecto una virtud: consideró que el hecho de haber diferido las segundas dosis “prolonga el tiempo de protección”. Sin embargo, eso no aplica a los primeros de la fila, aquellos que recibieron ambos pinchazos en el primer bimestre de 2021.

Sin datos certeros sobre la Delta, convertida desde hace algunas semanas en una “caja negra” por el poco exhaustivo nivel de vigilancia epidemiológica que hay en el país -aunque el Gobierno considere lo contrario-, el huracán se espera con el despacho de segundas dosis contrarreloj y los dedos cruzados.

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