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Turismo espacial: qué compañías ofrecen vuelos y cuánto falta para que el precio de un boleto sea “accesible”

Los viajes no requieren ningún entrenamiento previo, pero el valor de los pasajes es por ahora muy elevado.

Tras superar una línea imaginaria de contratiempos tan extensa como la que separa a nuestro planeta del cinturón de Kuiper, los vuelos privados de turismo espacial intentan regularizar una actividad que, de momento, queda reservada para multimillonarios.

La edad de oro del turismo suborbital se cimienta sobre tres firmas pioneras: SpaceX de Elon Musk, Blue Origin de Jeff Bezos y Virgin Galactic del británico Richard Branson. A esto hay que sumarle el interés de la NASA por privatizar este sector.

Si algo caracterizó a la industria aeroespacial norteamericana desde sus inicios en la década del 50 hasta nuestros días fueron los estrictos protocolos que debían cumplir sus aspirantes.

Estos vuelos permiten experimentar la falta de gravedad. Foto Steve Boxall/ZERO-G

Estos vuelos permiten experimentar la falta de gravedad. Foto Steve Boxall/ZERO-G

Los primeros astronautas del programa Mercury –además de tener menos de 40 años y medir menos de 1,56 metros- debían ser pilotos militares con títulos universitarios y cargar 1.500 horas de vuelo a sus espaldas.

Los programas Gemini y Apolo abiertos a civiles elevaron la barrera de altura a 1,82 metros, aceptaban a solicitantes no mayores de 35 años y pusieron un mayor énfasis en la formación académica. Pero todo eso está cambiando.

“Con el lanzamiento de Blue Origin se puso en evidencia la madurez de una tecnología en vuelos suborbitales cuyo dato innovador es que esta vez, quienes integraron la tripulación de la nave fueron civiles. Es decir, no eran profesionales del espacio, ni contaban con el adiestramiento apropiado”, detalla Pablo Leslabay, docente de ingeniería mecánica del ITBA.

A medida que la lista de candidatos vaya en aumento, las futuras generaciones de astronautas privados tendrán que cumplir cada vez menos requisitos para comprobar cómo actúa la ingravidez en sus cuerpos.

Los tripulantes que comparten viaje con Bezos, experimentan los efectos gravitatorios.
Fotos REUTERS.

Los tripulantes que comparten viaje con Bezos, experimentan los efectos gravitatorios. Fotos REUTERS.

La Administración Federal de Aviación (FAA) de EE. UU. tiene pautas de seguridad poco estrictas sobre el entrenamiento de los nuevos candidatos. En la actualidad, las empresas ofrecen charlas previas y algunas recomendaciones antes de abrocharse los cinturones.

“Antes subir a un avión era una odisea, sin embargo, hoy lo hacemos sin ninguna preparación. Lo mismo sucederá con estos episodios espaciales. No se trata de un capricho de millonarios sino de la oferta de una nueva aventura, la cual no implica una revolución en materia espacial ya que, en teoría, no se abandona del todo la órbita terrestre”, expone Leslabay.

Impacto sanitario

Muchos expertos se preguntan cuál será el impacto en la salud de los seres humanos que no son astronautas entrenados. La falta de gravedad, como se comprobó durante el último medio siglo, podría ocasionar efectos irreversibles en el organismo de los viajeros.

Richard Branson y la tripulación del Virgin Galactic.
Fotos REUTERS.

Richard Branson y la tripulación del Virgin Galactic. Fotos REUTERS.

Sin embargo, el vuelo a bordo de la nave espacial de Virgin Galactic con una duración de 6 minutos en el espacio y 11 minutos en la Blue Origin, no es suficiente para que se produzca la atrofia muscular u otros efectos.

Esta posibilidad no rige para quienes viajen a la Estación Espacial Internacional (EEI), que se ubica en la órbita baja de la Tierra a 400 km de altitud, o más allá.

“Cuanto más uno se aleja de la Tierra, más capacitación y entrenamiento se necesita. Para quienes vayan a la Luna hay leyes físicas, como el freno de una velocidad orbital para volver al planeta, que requieren de un entrenamiento muy fuerte para poder soportar, por ejemplo, el peso sobre el cuerpo que llega a ser 4 veces mayor”, detalla Leslabay.

Vuelos suborbitales

Hay una gran diferencia entre un trayecto orbital, que contempla despegues de alta velocidad que rompen la gravedad y la experiencia suborbital, en donde los viajeros se exponen brevemente a la ingravidez y a las vistas del espacio durante un vuelo al borde de la atmósfera, a 96 kilómetros sobre la Tierra.

Los tres tripulantes que acompañaron a Jeff Bezos.
Fotos REUTERS.

Los tres tripulantes que acompañaron a Jeff Bezos. Fotos REUTERS.

“Para poder entrar en órbita, lo más difícil no es subir, sino poder obtener lo que se conoce como velocidad tangencial. Este tipo de vuelos tiene una duración corta, de unos 3-5 minutos de microgravitación, que comúnmente se denomina Zero G. Esto se debe a las capacidades tecnológicas del cohete y su diseño”, explica Leslabay.

Lo que advierte el ingeniero Leslabay es que la velocidad tangencial se debe sostener en unos 27 mil kilómetros por hora (km/h) para que un objeto se mantenga en una órbita a la tierra sin “caerse”.

“Lo que se mide en realidad en estos vuelos suborbitales es lo que tardan en caer desde esa primera propulsión inicial hasta que la atmósfera los va frenando y pierde ese estado de Zero G”, advierte el ingeniero.

La duración de estos vuelos no es caprichosa y es analizada cuidadosamente por los responsables de la misión, ya que toda la maniobra que realiza la nave está pensada para que entre el punto de partida y de llegada no haya una gran distancia.

La nave de Richard Richard Branson en pleno ascenso.
Fotos REUTERS.

La nave de Richard Richard Branson en pleno ascenso. Fotos REUTERS.

“Para mantenerse más tiempo volando (en realidad en caída) en un vehículo se necesita más velocidad tangencial, al mismo tiempo lo que ocurre es que también nos alejaremos del punto geográfico de inicio, lo cual resultaría poco práctico salir desde un lugar y terminar en otro totalmente alejado”, argumenta Leslabay.

Viajes para todos

Los primeros billetes vendidos por Virgin Galactic costaron entre 200.000 y 250.000 dólares cada uno. Sin embargo, la compañía advirtió que los asientos que se pondrán a la venta en el futuro tendrán algunos ceros más al final.

Blue Origin no oficializó una tarifa, pero subastó un asiento en el primer vuelo tripulado por nada menos que 28 millones de dólares.

Wally Funk viajó con Jeff Bezos aunque también tiene un boleto para Virgin Galactic. Fotos REUTERS.

Wally Funk viajó con Jeff Bezos aunque también tiene un boleto para Virgin Galactic. Fotos REUTERS.

“Ninguna agencia espacial encaró este tipo de actividad antes ya que es muy difícil hacerlas rentables. Todas las empresas con proyectos en marcha tienen una lista de espera enorme de personas dispuestas a pagar. Con lo cual, de conseguir los pasajeros suficientes, la cuenta cierra. De más está decir, que estos primeros vuelos lógicamente son muy caros”, señala Leslabay.

La estimación de la industria aeroespacial es que, si la tendencia se mantiene en los próximos años y se suman nuevos competidores, en la próxima década, las familias de clase media de los países desarrollados podrán acceder a estos viajes por el mismo precio que hoy se paga por un paraje exótico.

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