Eso que había predicho mucha gente es parte de la fama que lo acompaña desde que falsificó una cita en su primer trabajo periodístico en 1990: superficial, vago, egocéntrico, efectista, sin respeto alguno por la verdad. Es el mismo Johnson que a principios de marzo, con Italia ya en cuarentena, fanfarroneó ante las cámaras que estrechaba la mano de gente en un hospital con pacientes de Coronavirus. El que días más tarde, iría a un partido internacional de Rugby y a la semana diría que los británicos tendrían que aguantar (“take it on the chin”) el impacto en muertes que tendría el virus.

El dilema actual

Este peculiar liderazgo político retrasó la respuesta británica a la crisis cuando hacía rato que había cundido el pánico en el resto de Europa. El Reino Unido entró en cuarentena el 23 de marzo. Hoy roza las 20 mil muertes hospitalarias y se calcula, todavía no oficialmente, que a esa cifra habría que agregarle unas 7 u 8 mil personas más que fallecieron en residencias de ancianos o en sus casas. Este número global lo pondría en el primer puesto de muertes de Europa.

El impacto económico es igualmente devastador. El cálculo oficial es de una caída del Producto Interno Bruto de un 13% y de más de un millón de desempleados en distintos esquemas de apoyo estatal. Cuando el 7 de mayo venza la actual fase de la cuarentena, el dilema será el mismo que en febrero y marzo, pero con una situación mucho más deteriorada: ¿prioridad de lo sanitario sobre lo económico o viceversa?, ¿sintonía fina entre ambos?

Entre los halcones que quieren un pronto relajamiento de la cuarentena se encuentran el ministro de finanzas Rishi Sunak, el de educación Gavin Williamson, la de Comercio Luz Truss. Según este grupo, un 60 % de las empresas que operan en el Reino Unido no tienen efectivo para más de tres meses y la cadena de suministros de muchos están al borde del colapso. Aerolíneas, Hotelería, Turismo, Moda y la industria automotriz se encuentran entre los sectores más comprometidos.

La decisión la tomará Johnson, pero ¿cuál de sus versiones? El de su historia previa o su discurso de febrero habría liderado naturalmente a los halcones. El del “roce con la muerte”, la paternidad y el “amor del NHS” parece mucho más prudente. Una pista puede ser su diálogo con Trump. La conversación giró en torno a uno de los ejes más controvertidos del proyecto Johnson post-Brexit: un tratado de libre comercio entre Estados Unidos y el Reino Unido. La razón de la controversia es el interés manifiesto de Estados Unidos por tener acceso al NHS para su industria farmacéutica, un insumo que ya se lleva buena parte del presupuesto del Servicio Nacional de Salud y que profundizaría sus problemas de financiamiento en caso de que se llegara a un acuerdo. Johnson siempre ha negado esa posibilidad. Trump ha dicho cualquier cosa dependiendo del momento. En la conferencia de prensa parecía particularmente entusiasmado porque había hablado con el “Boris de siempre, nuestro amigo, mi amigo”.